27.2.14

sepia
















Al abrir un abanico vemos el aire que es imposible vallar, como el recuerdo, los sentimientos, el aliento que llega a través de una alambrada o los besos que los niños se mandan por el aire cruzando el espacio entre sus miradas. El color sepia hace que sea el mismo corazón el que duela, los mismos dedos los que elijan tocar antiguas cosas, las mismas cosas debajo de las cuales hay más cosas que no tiramos nunca porque son como la huella de un dedo que te dice quién eres, como las lágrimas, tan viejas, que caen y regresan a los ojos en el ciclo del mundo, de la vida, como la lluvia, como la sonrisa que al final sale por mucha pena que haya, cómo no va a salir, como los ríos... Hay que quererse mucho y yo lo intento, cuando repito tus palabras como repito todo, el aliento, tu boca, las canciones, los guiños, tus manos ancianas, tan torcidas, tan útiles, rozando al mismo tiempo y a través de los días, siempre las mismas cosas, como si nos dieran cuerda -decíamos- pero es que sin cuerda...

17.2.14

naturaleza muerta



A veces se asustan como hombrecillos temerosos que se detienen ante una curva sin señal de peligro, ni stop peligro de derrumbes, ni firme inestable (qué cosa)... A veces me parecen pequeños gnomos caminando con dudas por el camino que cada día les conduce a través del bosque... Y sin embargo a veces se deslizan con más destreza que patinadores de Sochi trazando la curva interminable de un omoplato en dirección al punto de dolor de la contractura, o hacia el placer... No sé qué buscan hoy, se les ha hecho cuesta arriba la querencia de andar sobre la piel, de contornear lunares o resbalar como una lágrima que no sabe pararse... Los dedos son pararrayos del sistema nervioso de un cuerpo, termómetros de la ternura, balizas de los ojos, de los besos, atenuadores del volumen de las palabras, de las palabras vivas...

7.2.14

refugio




Me voy y no sé qué estaba haciendo un día antes del último viaje... Releo sin esperanza de encontrar el hilo que me trajo hasta el renglón en el que me sorprendo... Mi amigo me dice que es el síndrome de la nevera vacía (yo le digo que sí pensando en el gin sin tonic de ayer o en el te a solas del desayuno), pero creo que estoy metido en un paso de tiempo de por vida, en un impasse, en un silencio que no precisa de palabras (es mucho más cinematográfico)...


...Aunque para contar espero, desespero, desesperado me ayude de palabras (y de dedos)... Aunque para sentir abrazo, beso, espuma, labios, piel, regrese a las palabras, como regreso a casa... ¿Qué son si no refugios las palabras?