
A María, la editorial Casamia le pago por traducir una novela de Ernest Milller a su minoritario idioma. Al día siguiente de su publicación, la novela estaba en la red para bajarla, gratis, a libros digitales o leerla, gratis, desde el ordenata. La editorial acaba de cerrar y María, por supuesto, se quedó sin trabajo. Son las cosas de la libertad. A Quevedo se lo comería Don Pablos y a Cervantes Rinconete y Cortadillo. Y nosotros tan guay, chateando y hablando del tiempo, y de la libertad de expresión, ¿o nos la comería la ignominia, también?


















