30.4.11

vistas



Hay una senda, de montaña casi, para subir a mi casa desde la orilla de la ría de Vigo, pago cada día este esfuerzo por tener vistas, aunque, después, ni recuerde que tengo ventanas. Me basta con esta, la del ordenador, que las vistas que espero no son más que unas líneas de cómo va la vida, de si el estrés, el tráfico o el exceso de trabajo, lo que echamos de menos o la próxima cita. Voy a hacer una foto de las vistas que tengo para que por lo menos al abrir el ordenador, cada vez que te busque, ese trozo de mar al fondo de este valle en el que vivo me diga que he tenido mucha suerte encontrando esta casa y estas vistas. Aunque yo, la verdad, como Montero, viviría mejor en una habitación con vistas a tu cuerpo.

28.4.11

... y abril


Entré en la cafetería, cogí el periódico, me pedí un café -¿largo? si, gracias- intuí con las yemas de los dedos el tramo final de las páginas de deportes y abrí. Esperaba ver la camiseta blaugrana y Messi sonriente con sus dedos al cielo acordándose de su abuela, pero no, abrí justo un poco antes y un titular de los que me gustan, de esos que explican lo que pasa debajo, "Un colofón para una vida de papel" me hizo ralentizar el movimiento de pasar más páginas, mis dedos se quedaron arrugando despacito la esquina inferior derecha de la siguiente página mientras leía que la vida hay que soñarla, inventarla. Y allí quedé, atrapado en el discurso de Ana María Matute, escapando de la realidad informativa, soñando con ella, inventándomela, leyendo con la atención de un hijo, mucho más, de un admirador, de un amante, enfrascándome de su ternura e inventándome lágrimas para poder pasar mejor las páginas –solo por eso. Dice entre muchas cosas que llevó su primera novela a una editorial escrita a mano en un cuaderno pautado, que cuando era niña le asustaban los bombardeos y se inventó una vida propia que compartía con sus hermanos y amigos...

Ya se ha acabado abril, en realidad se acaba después de esa última punzada, cada vez más pequeña, que llega el veinticinco, más bien por las canciones, que van directamente al corazón, lleno de imanes para que no olvidemos ciertas cosas, la navidad, los reyes, el primero de mayo, el teléfono de un restaurante, un cumpleaños o el mes de abril ¿quien nos lo había robado?... Sé que en rincones menos solitarios que el mío se encendieron canciones el día 25 cuando vino la noche, a mi me dieron las tantas yendo y viniendo entre guitarra y textos que ya había olvidado, pero anoto el abril de este año y todo lo que trajo, paseos, bicicleta, arena y playa, encuentros con amigos, viajes cortos y lluvia, también lluvia, el rostro de la lluvia en la puerta de un bar esperando a que escampe no sé porqué, si la lluvia resbala... Y este premio Cervantes a la ternura revolucionaria... Este abril va camino de ser inolvidable... Como los dos goles de Messi, también... E aí ven o Maio...



24.4.11

25 de abril (ya/para) sempre


Habíamos quedado, era abril, veinticinco, tú acudirías en autobús, yo bajé en mi Visa, conduciendo toda la noche hasta Lisboa y perdiéndome más de una vez. Me quedé dormido y desperté muy tarde. Salí del coche, cerca de la Praza da Figueira y corrí hasta la estación central de Rossio. Casi dos horas tarde. No estabas. Las calles llenas de gente alegre que comenzaban a celebrar su particular revolución, vendedores de claveles por todas partes, alegría, y yo mordiéndome las uñas y las ganas de verte, subiendo a las farolas, a las escaleras del teatro nacional, sobre el caballo de un tal Pedro... Podías ser cualquiera entre las miles de personas que abarrotaban el centro de Lisboa a aquellas horas, volví cada hora en punto de aquel día a la puerta de la estación, estuve en cada rincón donde se celebraba una fiesta, en cada punto elevado de la ciudad, gritaba desesperado tu nombre y algunos, sin entenderme, levantaban el puño y el clavel hacia lo que pensaban, era una proclama. No podía ser cierto ni pasarme a mi, me decía, pero así pasó el día. La última vez que volví a la estación estaba tan cansado que me apoyé en una pared, en la puerta de salida, me senté y me quedé dormido mucho tiempo. No había ruido apenas cuando abrí los ojos y comprobé que era noche cerrada. Mientras decidía si morirme allí mismo o si sería mejor tirarme al Tejo, mientras entre sueños todavía pensaba qué habría sido de ti, sentí un peso pequeño sobre mi brazo izquierdo y, al girar la cabeza, allí estabas, apoyada y dormida también. Cuando abriste los ojos y me enseñaste casi llorando un "cravo" que alguien te regaló mientras me buscabas, supe el significado exacto de la palabra alegría. No sabía si darte un beso o comerme la flor, pétalo a pétalo, aquel día de abril.

19.4.11

abril VI

Hace un día, no, tres,
que nada llueve.
Pensé que era cuestión de que pasara,
temporal del levante o viento del poniente
o quizá una borrasca que se había formado en las Azores,
un vacío en tus ojos.
Sé que no es de buen gusto en estos días
pero anhelo un tsunami
de tierra sobre el mar
un chapuzón que rellenara
esas profundidades abisales
de barro, y minerales
de arena y caracolas
de tiempo detenido
entre tú y yo,
y que lloviera a cántaros.
Nada es eterno, no es nada inamovible
donde había una playa
ahora se rompe el mar contra la tierra
abriendo acantilados imposibles
que tan solo los pájaros habitan,
los pájaros
intentando ocupar ese vacío.

13.4.11

abril V

Antigua Casa Mingo

Hace pocos días entré en una película, Ella me proponía terraza entre los Príncipes y Píos o local de sabor madrileño. Elegí los sabores, a qué más. Paseamos un rato hasta llegar allí desde la Estación del Norte. La fachada del local estaba en obras, llena de telas y andamios, apenas un cartel que ponía sidrería. Entramos bajo los andamios y al traspasar la puerta yo sentí que había entrado en una película, en un tiempo pasado, reconocí el espacio aunque en la barra no estuviese Toni Leblanc ni el restaurante lleno de turistas contentos sin saberse engañados. Seguramente Ra, que es muy peliculera, sabrá ya que me refiero a Los Tramposos, una comedia que disfruté con mis hijos todavía pequeños, en video, tronchándonos de risa. Fue mágico, saltar del 2011 a 1959 con solo dar un par de pasos... Imaginé por un momento saltar un poco más, a la república de tantos sueños y tan rotos todos, a la felicidad de mis abuelos preparándose para un día festivo, de verbena en alguna plaza, paseo por la Casa de Campo o San Isidro, la comida familiar y campestre de los Madera y de los Salmerón, las chuletillas, el porrón, las pajillas y los mantones de manila para cuando refresque, ya mi madre era niña y corría con su hermano entre las mesas cuando empezaron a encenderse las bombillas y comenzó a sonar el organillo. En todo el día nadie gritó viva la república porque no estaba muerta ni siquiera en peligro, era sencillamente un día de fiesta... Y un día negado ahora este catorce, ni festivo, ni fiesta para todos, ni verbena, ni música. Siento un poco de nostalgia sí, de la alegría. Y tristeza por dentro. Pero yo no me rindo, mañana no será lo que dios quiera.

12.4.11

abril IV


Las melodías tienen memoria flaca, solo las cantinelas se prenden de las bocas, pero por su belleza reclaman atención de quien escucha y nos dejan palabras en el aire que van tomando cuerpo, con los años.

(Yo por ejemplo escucho: si los curas y frailes supieran la paliza que van a llevar saltarían a la calle gritando libertad, libertad, libertad... Y veo a mi abuela Lola, socarrona, yéndose a la cocina y cantando en alto la canción. Era su manera educada de decir a mi abuelo, un poco jesuita: ¡que te den!)


Hoy cantaría esto a quien intenta sentar en el banquillo a Garzón y acaparar la atención mediática pre-electoral tratando de inhabilitarlo en vez de haber resuelto el caso Gurtel y dejarnos claro si podemos o no votar a Francisco Camps, Ricardo Costa, Pedro Ángel Hernandez, Jorge Bellver, Vicente Rambla, Milagrosa Matínez, Daviz Serra, Yolanda García y a su jefe: Mariano Rajoy quien, cuando viaja a Alemania, se le aclaran tanto las ideas que parece un miembro destacado del gobierno de España. No hay como viajar

7.4.11

abril III


Por qué lloras, si todo en este libro es de mentira? Y el respondió: lo sé, pero lo que yo siento, es de verdad... (Ángel Gonzalez)



Cuando, al día siguiente, caminabas entre el bullicio de Madrid para comprar Nada Grave de Ángel González, me describiste sensaciones primaverales que no soportabas nada bien, pero que aquella mañana de primavera suave y agradable estaba precioso Recoletos, los árboles tan verdes, el trasiego de gente, los edificios, la sensación de ser un átomo perdido en medio de todo aquello, feliz. Madrid, curiosamente, te daba una libertad -decías- que solo habías sentido en lugares desiertos...
Me río viéndote en esa descripción que hacías de ti misma: una viejecita vestida de colorines, cruzando con seguridad precaria, pero con mucha dignidad, el paso de peatones para tomar un café en el Comercial, leyendo el periódico y sabiendo que, de vez en cuando, podrías desintoxicarte viniendo a visitarme, trayéndome cerezas...


Hoy paseando por Madrid me acordé de Eloisa, la vendedora de tabaco de la esquina de cuatro caminos ¿te acuerdas? todos los días y noches del año intentando no morirse de hambre, todos menos el catorce de abril, que ese día era el día de sus muertos. Su padre y su madre fueron víctimas de aquella sinrazón y la memoria era, para Eloisa, una enfermedad crónica, tal vez vivía por eso, o para eso.
Paseo por la calle treinta, el río, bicicletas, paseantes y por debajo de todo esto, sin que se note: la M30, una autopista urbana bajo el cauce de un río y bajo el paseo de sus orillas. Es todo un poco raro. Diferentes primaveras, Eloisa y sus muertos, tú, tus colores, tu átomo, y yo sobre esta calle casi desierta y hermosa que lleva dentro, escondido, el flujo del que se alimenta su tranquilidad

4.4.11

madrí II




Desde un árbol de algún país del mundo llega madera al puerto, al aserradero, a la ebanistería, al barnizador, al tapicero y, al final, a mi casa, el sillón confortable en que suelo sentarme. Las manos de mi abuelo tenían ese don de magia y paciencia que suele acompañar al artesano. Las mismas manos que en la defensa de Madrid reforzaban trincheras y túneles en el frente, al abrigo de la noche, cortando y clavando pinos para que los milicianos estrenaran una cierta seguridad al despertarse, cuando escuchaban los morteros. Mi abuelo tuvo suerte, de Madrid a Valencia, de Valencia a Barcelona y Francia, con una cama de matrimonio, dos hijos y mi abuela, que se empeñó en no irse a Méjico como refugiada en aquel barco en que Neruda se llevó a los que pudo... Cómo vamos a irnos Juan –decía- si todo lo tenemos en Madrí... Mi abuela no quiso.
Abril es un mes largo, luminoso, que nos recuerda todavía el frío, es como una ranchera que pretende alegría aún conservando un poso, entre rencor y un poco de humana miseria, que no se va del todo... Estos días estuve en un balcón con violetas, a cien metros escasos del Manzanares, horas de sol y horas un poco frías, deben estar a punto de llegar los vencejos y las golondrinas, al atardecer la ciudad estaba para comérsela, con luz de Antonio López y música de organillo. Un abuelo pescaba en el río, en medio de la ciudad. Seguramente, como yo también, estaba en otra época, recordaba pescar allí de niño, la caña y el sedal no eran si no metáforas, o reivindicaciones, quien sabe, que ahora los viejetes llaman a rebeldías, indignaos, otra metáfora, o reivindicación, o que no acabamos de crecer, o que me gustan, tanto, las rancheras...

3.4.11

madrí





Barrio de Salamanca. Parque del Oeste. Ministerio de Agricultura, Atocha. Estación del Norte. Casa Mingo. Viridiana. Al pasar Puerta de Hierro acuérdate de mi. Línea cinco, metro Sevilla... Siempre me pasa, nada más atravesar el túnel y salir en Guadarrama me cuelgan notas, como imanes, del cielo de Madrid