28.1.15

león felipe

















Algo llama a la puerta, es un sonido que reconozco, que me pone en guardia. Sopeso, antes de abrir, el riesgo al que someto mis rodillas al darme por vencido, me peso demasiado. Y abro, no sé porqué, tal vez porque no queda más remedio… Si estuviese mi perro sabría perfectamente a dónde dirigirme, pero no tengo perro (es una de las cosas que echo en falta cuando abro la maleta en la que guardo lo que se va quedando) y me quedo confuso... Hace tiempo, un horizonte era un espacio a recorrer, un paisaje que prometía poder sentirlo, conocerlo. Por entonces desconocía que no quedaran playas que descubrir, me negaba a creer que todo estaba establecido y que no era más que un nuevo alumno de la escuela de robinsones de la vida (no entiendo que se pueda educar con este peso, dejando que la vida se revele por los ojos de otros). Ahora no tengo perro, ya lo dije, y el petar conocido hace que me detenga… Alguien dijo algún día: me sé todos los cuentos... Esto pasa, ya sé a quien le darán las bofetadas, el público, las risas y quien es el payaso… Standby… Los demasiados años me hacen volver atrás… Solo desde la vida se puede recordar... Y se puede olvidar.