18.8.14

verano








La vida es gelatina, toma la forma del recipiente en que se ubica y se nos cuenta a si misma cada vez que queremos escucharla, como una canción antigua de la que casi habíamos olvidado la letra, pero que recordamos a través de un gesto, de una palabra, del movimiento de una mano... La vida y los personajes que creemos que somos o en los que creemos que estamos o los que habitamos con pasión ciega porque nos sobrepasan y necesitamos creérnoslos... La tarde de verano en la que estuve ayer me ha devuelto al personaje que habito desde hace mucho tiempo, quien confunde colores y tiempos y estaciones que como siempre acaban siendo término sin ganas de enfrentarse al de qué... Es así como acaban los cuentos, tal vez cómo comienzan, o simplemente cómo cambia de forma la gelatina que una vez ha tenido la forma de este cuerpo...

3.8.14

vacío

















Se movía despacio. Con nada tropezaba en aquel piso vacío donde, por no haber, no había ni siquiera una cama donde dejarse caer un rato, tan solo una silla de cocina, desencajada e inútil. Y una  espera tan vacía como el piso. Y un agujero tan grande como una canción de Waits, de Asylum Years, o de cualquier álbum que lo llevara a un recuerdo, a cualquier recuerdo, pues todos, absolutamente todos, eran la misma ausencia. El conjunto vacío que desde el instituto le rondaba la cabeza sin sentido debía ser esto, poseer algo que no es nada, vacío. Y ensayaba la sonrisa, inflaba los mofletes estirando después la boca hasta ver los dientes superiores bajo el labio, y después la sonrisa, y un hola ante el espejo tratando de sacar chispas de sus ojos... En algún lugar, se dijo,  está el sentido de todo esto, solamente tengo que esperar, esperar porque sé que, cada vez, queda menos tiempo... Y aprovechó el peldaño de la escalera que dividía en dos aquel espacio para dormitar un rato y soñar su sueño preferido. Cada vez queda menos tiempo, se dijo, para todo queda cada vez menos tiempo...