10.3.14

meridiano






















Cien metros más allá de la línea que indicaba el meridiano en medio de aquel páramo, el agua teñida del barreño discurría por el embudo en sentido inverso a las agujas del reloj, inverso a como cien metros antes lo había hecho, cuando estábamos al otro lado de la raya. No era magia, todos lo sabíamos, pero jamás habíamos podido comprobarlo y nos sorprendíamos de aquella certeza. Estábamos, como el cartel decía, justo en el meridiano de Greenwich. Pensé entonces en el sentido de la vida cuando se atraviesa una raya y todo se va al revés por un embudo, pensé en borrar la raya que alguien había trazado en el suelo con una vara de negrillo, en lo mucho que separaba una simple marca, en saltar hacia atrás y volver al sentido, en todo esto pensé mientras me dirigía hacia aquella marca con la estaca de madera y un cartel que anunciaba el paralelo, me dije: no veas atrás de nuevo, salta, salta, pero no pude hacerlo, porque temí olvidarme de mis sueños, que mis canciones perdieran el sentido íntimo que las inspiró o que mis fotos se pixelizaran desordenadamente borrando aquello que había amado… … … Y no salté, siempre llevo el papel de perdedor como si fuese un pin colgado en la solapa, una canción silbando entre los labios, unas botas de arena de desierto y, aunque no se me note, una sonrisa adentro

9.3.14

escaparate



Si le gustaba pasear a orilla de los ríos ¿que hacía en aquel desierto donde la tierra se parecía al yeso y los edificios se comían los árboles?... La vida que tantas cosas le había enseñado ¿qué querría decirle, por qué aquí?... También se preguntaba si habría sido la víctima de uno de sus señuelos, o la carnaza misma, sin movimiento, esperando el definitivo golpe…Le costó un gran esfuerzo levantarse, hacía varios días que arrastraba el cuerpo como una inercia arrítmica, su poco revolucionado corazón le pedía reposo, la vejez lo abrazaba a destiempo, o quizá siempre era así, a destiempo… Pensó entonces en aquellos que querían morirse y que la vida encadenaba, sintió suyo aquel padecimiento… Un café. Y se sentó delante del escaparate de la vida o más bien del deseo, porque la vida se publicitaba como una puta de lujo, inalcanzable… Los pájaros anidan mi cabeza -escribió-... Cansado el corazón los pájaros anidan mi cabeza, espero tener tiempo de que no quede nada que roa la carcoma...