24.12.14

eso














… Cuando llegó el sms desde San Antonio, allá en el sur, pude ver atardeceres rojos con niña jugando en la arena mientras apuraba una taza de café mirando al Miño, en Vilanova. Por entonces formábamos parte de un poema, de una canción. Todavía los móviles no hacían fotos pero nosotros hacíamos selfies de las ganas de decir con tan pocas palabras tantas cosas… Mucho antes habíamos rebuscado entre posos de té indicios de futuro, en el sepia de las fotografías recuerdos del amor, la verdad en las estrellas, y la luna, como si fuera una estación de paso, las manos, los saludos, los abrazos, los reencuentros y el brillo en las miradas… 

No, no era la navidad, era el invierno, las ganas de calor, de compartir abrigo, de morirnos de amor bajo edredones, de humedad, de vapor en el aire y en los cristales donde escribía el frío nuestros nombres. El regreso a la aldea, la corteza de musgo de los bosques, el vuelo de los gansos, la sorpresa del corzo, el sonido del hacha en la madera, el tacto de las pieles, los charcos, las katiuskas, el olor de los perros, las vacaciones... 

Hoy he quemado madera de abedul en la barbacoa, he abierto de par en par las puertas y ventanas de la casa hasta ver convertidas en vaho las palabras, me he calzado las botas de goretex, me he servido una cápsula de eso que llaman café, muerto de frío, y me he hecho un video con el móvil delante del árbol reciclado de navidad para mandar a los amigos. Todos han respondido. Tú todavía no has llegado

Recreo mientras vienes... El invierno es todavía eso