
Los senderos se reparten como venas por territorios propios en los paisajes para guiarnos en nuestros paseos, pero esta primavera invernal los ha borrado para siempre y están llenos de cardos, abrojos, espinos y todo tipo de zarzas que me obligan al camino, a la pista, como si un hombre resultase tóxico al campo y la pradera, o que fuese yo el tóxico también para este paisaje en el que no acabaré nunca de encontrarme...
Esto podría ser una foto, una metáfora, una carta, una pintura, el interior de un barco, de este blog o de mi mismo... Todo se acaba. Nos empeñamos en que la vida es un trozo de tiempo encerrado en una bobina que proyectada en un cine tiene un principio y un final y nos esclavizamos a eso de alguna manera, todo acaba y comienza y es la rueda y el movimiento y la vida otra vez al final, despojándonos de la responsabilidad: es lo que hay... No Mar da Miña Man, evaporada el agua, solo queda la sal para de vez en cuando pasar la lengua y recordar algún momento, pero ya no tiene sentido acosaros: es lo que hay: me voy. Pero esta vez aviso por si a alguien le preocupa, me jubilo, he comprado un velero y espero naufragar, de cuando en cuando, por los puertos de abrigo que me sé de memoria, que muchas ganas de andar a la deriva ya no tengo, creo que la edad me hará recalar en lugares seguros, aunque sean pocos. A todos los que aquí habéis encontrado alguna vez refugio o entretenimiento, muchas gracias, y mientras hago caja entre lo que se queda y lo que definitivamente va conmigo, dejo este Mar abierto. Va un abrazo