11.10.14

sueño





















Otra vez tenía que irme del sueño ante el horror de ser protagonista, pues desde el otro lado, sentí cómo la carne de mi cuerpo se retiraba pesada de mis huesos, dejaba atrás las uñas. Luego, desde la sombra, en quien pensaba, se iba reflejando hacia atrás, comiendo tiempo y años en cada desdoblamiento del espejo en el que ya se adivinaba la casi calavera. Y a otro lado, pensando otra persona para llegar a lo mismo, la nefasta sensación que, si dormía, todo se acabaría. Camas, pasillos, enfermeras, techos blancos, batas azules, es la anestesia, me decía, y respiraba profundo sin pensar en que era precisamente ahí donde habían hurgado, en los pulmones, en el corazón. Todo parecía estar bien entonces... Y al dormitar, el sueño repetido, el círculo en que estaban las caras familiares, el frío de perderlas si dormía...
No sé si se descontarán estas veinticuatro horas del total de mis días, o si computarán como vida dormida, da igual, al cabo un día más tan solo, otro de tantos para olvidar o recordar, aunque al final a este, le vaya a deber cosas, la medicina es esto, remediar, y aunque sea dolorosa tantas veces, tiene la claridad a la que yo querría regresar desde el pesado sueño

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. A chinoca de fotógrafa e o João de aplaudidor, pero escribir, escribir, ríen de ríen… Saúdos aínda

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